Reciclando lo impensable, una columna sin desperdicio

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Agosto 03, 2018 / Etiquetas: Reciclaje, medioambiente, ecología, recomendado, Mario Víctor Vázquez
La astronauta Samantha Cristoforetti toma café en la Estación Espacial Internacional, 2017

Por Mario Víctor Vázquez

Cuando escuchamos el verbo reciclar seguramente lo asociamos con el sustantivo residuos. Y tal vez lleguemos a imaginarnos baterías, plásticos o cartones. Ya si la meditación toma caminos decididamente escatológicos, llegaremos a los excrementos de animales tan utilizados en la agricultura. Tal vez recordaremos haber leído de la importancia económica del uso del guano (palabra derivada del quechua que significa abono) recolectado en costas e islas del Perú. Vendrá a nuestra mente la fragancia de la gallinaza como fertilizante de nuestras plantas, o identificaremos fácilmente la producción de porcinaza cuando pasemos por un criadero de cerdos rodeado de verdes pastos. Aceptaremos que, aunque suelen identificarse por el mal olor, se trata de unas excelentes fuentes de nutrientes para el suelo. Un bonito ejemplo ecológico de reciclaje.

Actualmente las aplicaciones exceden el campo de la agricultura ya que se encuentran ejemplos de producción de papel a partir de las excretas (por decirlo de un modo elegante) de algunos animales herbívoros con dietas de alto contenido de fibra, que, dado el sistema digestivo que poseen, se elimina de manera significativa con los residuos. Si se tiene en cuenta que para el caso de los elefantes estamos hablando de disponer diariamente de la nada despreciable suma de 45 kg de popó, vale la pena asociarse con estos paquidermos para que nos ayuden a generar papel. Existen varios ejemplos de esta aplicación, uno de ellos en el zoológico del Instituto Smithsoniano en la ciudad de Washington.

Elefante asiático en el Smithsonian National Zoological Park, 2010.

Todo dentro de lo habitual si pensamos en animales, pero ¿qué sucede si pensamos en reciclar nuestros residuos?

Después de todo, y a pesar de lo que puedan opinar algunos, al igual que los animales, no somos más que un manojo de elementos químicos, fundamentalmente cuatro, organizados de una manera más o menos elegante (en algunos casos menos elegante que otros), y que si bien las gallinas hacen escándalo y ponen huevos, a los cerditos les gusta acostarse en el barro y los humanos escuchan reggaeton, desde el punto de vista fisiológico nos asemejamos en cuanto a la necesidad de alimentarnos y la consecuencia de generar residuos. Sí, esos que están pensando…

Probablemente asociaremos al tema con algo desagradable, fundamentalmente por el aspecto y olor. Bajo una mirada científica entendemos que la consistencia del residuo sólido tendrá que ver con el grado de humedad (tres cuartas partes es agua), el asunto del olor con la presencia de compuestos volátiles y el aspecto físico se relaciona con la presencia de compuestos químicos en su interior. Especialmente por esto último es que el análisis de nuestros residuos brinda importante información sobre el estado de salud, ya que se puede inferir el funcionamiento de algunos órganos, la presencia de infecciones y detección de embarazo, entre otra información útil.

Pero no nos desviemos del tema, decíamos algo sobre el reciclaje de nuestros residuos. Hasta el momento no habíamos considerado esa posibilidad y realmente lo único que habíamos pensado era conseguir un árbol para abonar a cambio de que proteja nuestra intimidad. 

Lo anterior podría ser válido en ciertos lugares de la Tierra, sin embargo la situación resulta muy diferente en determinados espacios, y más aún, en el espacio exterior. En las misiones aeroespaciales tripuladas, el manejo de los residuos generados por los astronautas es un asunto importante, máxime cuando la presencia humana se extiende a largos periodos, como en la Estación Espacial Internacional, habitada desde el año 2000.

Descartando la alternativa del árbol para esconderse en las misiones Géminis y Apollo, los residuos líquidos eran discretamente liberados al espacio y los sólidos almacenados en contenedores especiales. Actualmente, en la Estación Espacial Internacional los residuos sólidos se siguen almacenando ya que existe la posibilidad de “sacar la basura” cuando llega la nave Progress con alimentos y combustible y luego se quema en su reingreso en la atmósfera terrestre. ¿Por qué no aprovechar para eliminar también la orina? Porque allá arriba adquiere un valor vital para la supervivencia de los astronautas. Como no solo de pan vive el astronauta, también necesita agua. Si bien la Estación posee un depósito de emergencia, sería imposible contar con suministro permanente de agua para beber o para la higiene. ¿Cuál fue la solución? Sí, esa que están imaginando. Mediante un eficiente sistema de purificación, la orina es procesada conjuntamente con el agua residual de lavado, la proveniente de celdas de combustible o humedad del aire y convertida rápidamente en agua pura para preparar un rico café.

Después de todo, aunque parezca desagradable, hay que pensar en que no hay árboles en el espacio exterior y que en la Estación Espacial Internacional se realiza lo mismo que hacemos en la Tierra al generar agua potable en plantas de tratamiento para tomar el mismo café. 

Al final de cuentas, todos estamos montados en esta Estación Espacial llamada Tierra, que aún nos soporta y no se ha caído a pesar de lo que le hacemos.

 

Mario Víctor Vázquez es investigador, docente y divulgador científico. Profesor Titular de la Universidad de Antioquia. Doctor en Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Director del programa radial El Laboratorio y creador del Colectivo Quími Komedia.
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