¿Hay ciencia detrás de la medicina alternativa?

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Diciembre 04, 2018 / Etiquetas: medicina, medicina alternativa, farmacéuticas, recomendado
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Según la ley, para ejercer en Colombia terapias alternativas es indispensable ser profesional en medicina. Este es un vistazo a los errores más comunes cuando se habla de medicina alternativa.

Por Renata Rincón Barrero

Una investigación realizada en 2012 entre los 184 profesores de la escuela de medicina de la Universidad Industrial de Santander, que buscaba conocer su grado de conocimiento, actitud y aceptación de la medicina alternativa y terapias complementarias (MTCI), reveló que 72% no sabía nada sobre el tema y que 4% de los que no participaron creen que estas prácticas no tienen ningún sustento científico o son contrarias a sus intereses.

Para quienes se dedican a la medicina alternativa es lógico el rechazo por parte de los médicos convencionales, pues no han tenido relación con la información desde su proceso de formación en el modelo biomédico, la corriente dominante en la mayoría de los países del mundo y en la cual se soporta la mayoría de sistemas públicos de salud.

En el caso de las medicinas ancestrales, estas no se suelen estudiar en las universidad, a pesar de milenios de historia y experiencia, como la Ayurveda, que cuenta con su propio ministerio en la India, o la tradicional china, reconocida alrededor del globo principalmente por la acupuntura, sin contar con las indígenas de América. Su práctica es tan extendida como polémica.

Homeopatía, una de las más debatidas

A la homeopatía se le suma un viejo enfrentamiento con el modelo biomédico, que creó una división entre ambas prácticas. Lo que buscaba la homeopatía en sus inicios –hace poco más de 200 años– era ofrecer a los pacientes tratamientos que no provocaran los efectos adversos causados por algunas medicaciones convencionales, como el suministro de dosis altas de arsénico o de mercurio para el manejo de infecciones, que producía diarreas con sangre e, incluso, el fallecimiento del paciente.

Aunque para los nacientes homeópatas esto no necesariamente iba en contravía de lo establecido, para el resto de profesionales de salud sí fue un desafío, causante de la ruptura. Incluso, es una de las disciplinas más polémicas, objeto de fuertes debates en el mundo, que llegan hasta querer su prohibición, como en el caso actual de España, donde hay un plan del Gobierno para acabarla.

En Colombia también hay fuertes detractores de la homeopatía, sobre todo de su enseñanza en universidades acreditadas. La califican como pseudocientífica y dicen que funciona como logra hacerlo el placebo en algunos casos, científicamente comprobados.

Un destacado detractor es el antiguo rector de la Universidad Nacional, Moises Wasserman, quien ha argumentado en medios de comunicación que la historia de la homeopatía está distorsionada a favor de esta práctica y que algunos estudios científicos han demostrado que sus bases no son sólidas. Esta disciplina trabaja con medicamentos contenedores de sustancias altamente diluidas. Wasserman se refiere a experimentos en los que se demuestra cómo los homeopáticos no tienen efectos y también recuerda una investigación publicada en la reconocida revista Nature, que contradecía un estudio anterior y dejaba en entredicho la propiedad del agua de conservar las propiedades de las sustancias diluidas.

Frente al argumento sobre la inutilidad de estos medicamentos, Eduardo Beltrán, doctor en Medicina y Cirugía de la Universidad Nacional de Colombia y gestor de las maestrías de Medicina Alternativa de esta institución, afirma que los escenarios de rechazo de la medicina alternativa siempre se dan por desconocimiento de su estructura o porque su contacto se hace desde el protagonismo y no desde la integración del conocimiento. “La mejor manera de analizar la eficacia terapéutica de cualquier estrategia dentro de la medicina es mediante su demostración, la cual tiene varios niveles de evidencia, que van desde la observación de casos aislados hasta los trabajos de alta elaboración metodológica de la medicina basada en la evidencia”, dice.

Linealidad e interculturalidad, otros factores para el escepticismo

Una forma de comprender el rechazo a la homeopatía es que el modelo biomédico concibe la ciencia desde un modelo lineal como la única posibilidad. “Hay gente con fe, subrayado grande, en la ciencia, y la ciencia no es algo que deba defenderse con fe, sino con resultados y argumentos. Entonces, quienes defienden así a la ciencia no pueden entender que algo funciona cuando no es explicable desde la linealidad con la que aprendieron a hacer las cosas”, dice Germán Benítez, médico cirujano de la Universidad Javeriana de Bogotá, quien empezó a estudiar la medicina tradicional china y la homeopática hace más de treinta años y ha participado en la creación de programas universitarios certificados de medicina alternativa en el país.

La linealidad se refiere a la forma de concebir los efectos de las medicinas: entre más medicamento, más efecto, y viceversa. El médico explica que la forma de preparación de los medicamentos homeopáticos hace que se dispersen sus moléculas y comiencen a tener comportamientos de nanopartículas, que pueden tener distintas propiedades a las de partículas más grandes del mismo material. “Un ejemplo es el de TransMilenio. Si va completamente lleno, una persona tiene pocas posibilidades de realizar algunas acciones. Si la misma persona va a una hora en la que está más vacío, tiene posibilidades de comportamientos diferentes. Lo mismo pasa con sustancias altamente diluidas. Pueden presentar efectos que no tenían cuando estaban concentradas”, explica Benítez, quien asegura que muchas de las cosas que teóricamente no son factibles fueron ya descritas y respaldadas en experimentos y señala casos como antidepresivos e infecciones.

La confusión entre creencias populares y medicina alternativa

Otro factor que aleja a los médicos convencionales de las terapias alternativas es la forma específica en la cual este modelo ve la salud y la enfermedad, un tema estudiado actualmente por la sociología, del cual hay investigaciones en cuanto a las diferentes formas en las cuales las sociedades se relacionan con la medicina. Algunos sistemas incluyen ejes de interculturalidad y aproximaciones desde diversos paradigmas y acercamientos epistemológicos, que no son aceptados fácilmente entre los profesionales de la salud.

También están las confusiones de términos y conceptos. Por citar un ejemplo, Natalia Sofía Aldana, magister en medicina alternativa de la Universidad Nacional, cuenta que en Colombia existen tres artículos publicados en journals indexados acerca de medicina alternativa y oncología. Tal vez el más llamativo es uno que estudia el uso del buitre o del gallinazo en el tratamiento del cáncer en Colombia. "Eso nos ha hecho un daño terrible. La desinformación en conceptos en MTCI, y la falta de grupos de investigación interdisciplinarios, ha sido una de las debilidades de la investigación en salud, puesto que se introducen sesgos, o desinformación en los estudios. En este caso, el sesgo está introducido por los investigadores porque no tienen un conocimiento de cuáles son las definiciones y conceptos de las MTCI, ni tampoco saben cuál es el marco legal”. Para ella, si se hubiesen tenido en cuenta las definiciones y conceptos, el título correcto de esta investigación sería “el uso del chulo o buitre como práctica popular en salud para el tratamiento del cáncer en Colombia”.

Un caso más, generador de confusión, es el de relacionar erróneamente estas prácticas populares con medicina ancestral o naturopática. No es lo mismo hablar de la creencia de frotarse la cabeza con huevo para que salga pelo, sin ningún fundamento científico, que de bañarse con saúco para aliviar el dolor, una costumbre ancestral que sí funciona, porque al estudiar los componentes del árbol se descubrió que tiene ácido acetilsalicílico, tal vez el analgésico más conocido.

Otro obstáculo para las prácticas alternativas también son las creencias religiosas. Aldana cuenta cómo algunos pacientes de ciertas iglesias entran en conflicto con los tratamientos de medicina ancestral cuando los asocian con dioses profanos para ellos.

A esto se suma el temor a la utilización de las MTCI por las evidencias de pacientes que han acudido a sistemas inadecuados o a personas no idóneas y descuidan alternativas terapéuticas que son absolutamente necesarias en su momento, como la mayoría de la medicina convencional. Por ejemplo, cuando es necesario extraer un tumor o recibir atención de urgencias.

También se desdibujan los límites entre las prácticas populares en salud y la medicina alternativa; por ejemplo, el uso popular de la fitoterapia, los fitomedicamentos y la fitofarmacología, en el marco del tratamiento de las enfermedades mediante plantas o sustancias vegetales. Los fitomedicamentos son ampliamente reconocidos y en las tiendas naturistas se pueden comprar los de venta libre, empacados y etiquetados, previamente aprobados por el Invima. Ahora, es importante que las personas entiendan los usos correctos de estos productos y sus contraindicaciones y que no esperen milagros –aquí cabe de nuevo mencionar el efecto placebo, uno de los grandes cuestionamientos a la homeopatía y, en general, a las MTCI–.

Del desconocimiento a la información

Desde hace unos años, los médicos que practican la MTCI buscan medios de difusión del conocimiento científico sobre estas prácticas. “Decir que no hay evidencia científica es falta de conocimientos, de conceptos, de cuál es el marco teórico y el funcionamiento de cada sistema médico y terapéutico”, dice Natalia Sofía Aldana, y entiende el rechazo a estas disciplinas, porque hasta hace pocos años, la información no estaba disponible.

“Al dar la información, eso ayuda a cerrar la brecha que existe entre el modelo biomédico y los otros modelos médicos de las medicinas integrativas. Así, podemos dejar un modelo intercultural, que contemple variables de los pacientes y promueva unos estilos de vida saludables y una atención de la situación de salud de los pacientes de una manera eficiente, eficaz, equitativa”, afirma.

“No es algo que esté por fuera de la ley o de la regulación. Hay políticas que integran en su servicio de salud las terapias complementarias, integrativas y hay todo un sistema organizado que trabaja con la medicina tradicional, que puede venir de la medicina indígena o las plantas medicinales, por ejemplo”, explica Germán Benítez.

En Colombia, la Ley 1164 de 2007 dicta las disposiciones para el ejercicio de la MTCI, y dictamina que las personas autorizadas para ejercer una profesión del área de la salud podrán utilizarlas, pero que deberán acreditar la respectiva certificación académica de esa competencia, expedida por una institución de educación superior legalmente reconocida por el Estado. También estimula los mecanismos de autorregulación, teniendo en cuenta los conocimientos de los pueblos antiguos, como de la medicina alternativa.

En el Ministerio de Salud no existe una dependencia encargada de este tema, sino una mesa que consulta a diferentes expertos para definir un marco legal y lineamientos para el ejercicio y la educación de las Medicinas y las Terapias Alternativas y Complementarias (MTAC), término adoptado en Colombia para las MTCI.

Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fomenta la práctica de las MTCI, con el fin de ampliar la cobertura que no logran los sistemas de salud convencionales. La estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2014-2023 busca prestar apoyo a los estados miembros para que aprovechen la posible contribución de la medicina tradicional y complementaria a la salud, el bienestar y la atención de salud centrada en las personas, y promover su utilización segura y eficaz, mediante la reglamentación de productos, prácticas y profesionales.

La biblioteca virtual en salud

A través del Bireme, el centro especializado internacional en gestión de información en salud de la Organización Panamericana de la Salud, se lanzó en 2018 una Biblioteca Virtual en Salud, exclusivamente de MTCI. Se trata de una construcción colectiva de la Red MTCI Américas, integrada por instituciones y organizaciones que promueven la formación, regulación, promoción, desarrollo de la investigación y prestación de servicios de MTCI.

En este portal se encuentran noticias, un directorio de instituciones, información sobre la legislación y los modelos de implementación de MTCI en los sistemas de salud de las Américas y sobre la medicina tradicional de los pueblos indígenas y afrodescendientes. No obstante, lo más contundente de esta biblioteca es que indexa, hasta el momento, más de dos millones y medio de documentos científicos relacionados con estos temas. Investigaciones con diferentes perspectivas en las cuales se mencionan los términos relacionados con medicina alternativa.

Los documentos están clasificados por tipo de sistema de salud, región, tipo de estudio, idioma, métodos terapéuticos y terapias; bases de datos como Medline o Lilacs, entre otras, que también son referentes para investigaciones de medicina convencional. Al buscar el término ‘homeopatía’ hay 14.204 resultados y ‘acupuntura’ 20.834, por ejemplo, aunque también se puede hacer la búsqueda por el nombre de la dolencia o la enfermedad, desde ‘estrés’, que arroja 1.907 resultados hasta ‘cáncer’, con casi 282.000 resultados. Desde su lanzamiento, la biblioteca registró más de 8.900 usuarios y 28.000 sesiones. Allí se pueden conocer resultados tanto positivos como negativos, lo que permite darse un panorama más realista sobre MTCI.

“En toda publicación hay un criterio para respaldar que es un conocimiento confiable, que aplicó metodologías correctas y cumple los requisitos para estar dentro de esta biblioteca. Los registrados en las fuentes de información, para estar ahí, pasan por criterios ya establecidos. Hay todo un proceso y eso es lo que da la confianza”, explica desde Brasil Verônica Abdala, Gerente de Serviçios y Fuentes de Información en Bireme.

No obstante, Angelo Laverde, psicólogo y bibliotecólogo, experto en ciencias de la información en salud, dice que, sin importar de dónde sean indexadas o de si son de medicina convencional o alternativa, existen metodologías para evaluar si una investigación es confiable o no. “Una cosa es la disponibilidad de artículos y otra es mirar que estén bien. Y no todos están bien, así se encuentren en Medline”, asegura. Como docente de Análisis Critico de la Literatura Biomédica en universidades bogotanas, Laverde dice que es indispensable analizar cada caso desde su nivel de evidencia y coherencia para determinar su confiabilidad. “A veces se encuentran deficiencias entre el objetivo y el método y uno se pregunta ‘pero ¿cómo dejaron publicar eso ahí?’”.

La medicina alternativa no se detiene

A pesar de las críticas, la oferta académica está cada vez más consolidada y la información es más abundante. Los programas respaldados desde la normatividad vigente se concentran en posgrados para profesionales de la salud que quieran especializarse en homeopatía, acupuntura y medicina tradicional china, terapia neural –que aplica a las personas inyecciones con una sustancia llamada procaína– y osteopatía y quiropraxis –basadas en el estudio del sistema músculo esquelético del cuerpo–.

Alberto Martínez León, médico retirado que fue director del Departamento de Pediatría de la Universidad Javeriana y del Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt, dice que este auge es comprensible desde la entrada de la Ley 100. “Creo que no todas las opciones en medicina alternativa están científicamente probadas, pero sí tienen como gran ventaja que ofrecen una medicina más humana, atención adecuada en términos de relación personal con el paciente”, dice y considera que aunque no puede opinar en detalle, justamente por su desconocimiento del funcionamiento de las MTCI, si grandes universidades del mundo están analizando estas disciplinas, de seguro es porque hay hallazgos importantes.

Por su parte, el doctor Eduardo Beltrán concluye que, cuando un médico tiene información real y adecuada sobre MTCI, este campo del conocimiento se convierte en una opción de formación para ampliar la visión de la medicina y “de esta manera se pueden ofrecer al paciente alternativas diferentes, pero integradas, en la atención de salud”. Solo así se logrará que se diferencie cuándo y en qué caso es apropiada cada práctica y se eviten efectos secundarios negativos e, incluso, la muerte.

 

Renata Rincón Barrero es periodista independiente, especializada en temas como cultura, medioambiente y ciencia. Escribe para medios como El Tiempo, Bocas, DonJuan, Colprensa, Periódicos Asociados, Diners, Terra y Revista Cambio.
Fotografías de uso libre.
Las opiniones de los colaboradores y los entrevistados no representan una postura institucional de Colciencias.

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