Operación oscuridad

Author: Anónimo (no verificado) Fecha:Octubre 30, 2017 /

Dos técnicos trabajan en el sofisticado detector de materia oscura CRESST. Crédito: Instituto Max Planck.

Por Ángela Posada-Swafford

En las noches claras, cuando observamos las estrellas titilantes, los planetas brillantes o la banda nubosa de la Vía Láctea, apenas estamos viendo un poquito de la película –o, para ser más precisos, una diminuta fracción de la historia de los cielos–. Con los telescopios que tenemos a nuestra disposición, y usando todas las regiones posibles del espectro electromagnético, podemos observar solo uno por ciento del universo. El resto permanece escondido, repartido entre lo que llamamos energía oscura y materia oscura.

Esta última compone aproximadamente 20 por ciento del cosmos. Y es esta misteriosa sustancia el foco de los científicos involucrados en el Experimento CRESST. Detrás de esta sigla, aparentemente simple en inglés, hay un proyecto sumamente complejo: la “búsqueda criogénica de eventos raros con termómetros superconductores”.

El sitio de esta exótica campaña es el laboratorio ubicado debajo de la cadena montañosa del Gran Sasso, en la región italiana de Abruzzo. Totalmente protegidos por 1.400 metros de roca, los investigadores del Instituto de Física Max Planck, entre otros, instalaron un dispositivo especial cuyo trabajo es detectar partículas de materia oscura. Según la teoría, esas partículas apenas si reaccionan con el resto del medio ambiente. Y al mismo tiempo son capaces de penetrar la roca de toda esa montaña y también las varias capas de plomo, cobre y polietileno que escudan al detector de la radiación de fondo.

El dispositivo del CRESST está conformado por 33 módulos individuales en forma de cubo, dentro de los cuales hay un cristal de 300 gramos hecho de tungstato de calcio. La foto que abre este artículo muestra a dos investigadores que están en medio del proceso de poner los cubos dentro del detector. Cuando una partícula entra en uno de ellos genera un poco de calor. También se produce una luz, la cual es retenida dentro del cubo y capturada por una delgada placa de silicio que también se calienta en el proceso. Para permitirle al termómetro sentir estos aumentos mínimos de temperatura, el CRESST funciona a menos 273,15 grados centígrados.

El CRESST-III ha estado funcionando desde el verano de 2016 con una sensibilidad acrecentada. No obstante, la materia oscura le sigue haciendo honor a su nombre: hasta la fecha, no existen hallazgos convincentes que prueben su existencia fuera de toda duda.

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